La previa a la final de Berlín tenía un claro protagonista: Zidane. El francés había anunciado que tras el mundial abandonaría el fútbol. Y así lo hizo. Como en todas las finales, siempre hay un ganador y un vencido. Esta vez la ganadora fue Italia y el vencido Francia, pero sobre todo Zidane. Tenía la despedida soñada: Ganar el Mundial con su país y abandonar el fútbol por la puerta grande. La noche comenzó bien para el balón de oro de 1998. En el minuto 7 tuvo la frialdad de tirar un penalti a lo panenka, que anotó dejando sentado al mejor portero del mundo: Gianluigi Buffon. Los periódicos se frotaban las manos, ya tenían su portada para el día siguiente. Sin embargo el destino guardaba otro final mucho más cruel. Cuando más lo necesitaba el equipo, al francés se le cruzaron los cables y se autoexpulsó con una incomprensible agresión sin balón a Materazzi. El francés se borraba de una final a la que todavía le quedaban 23 minutos de prórroga. Francia aguantó como pudo hasta el final del envite. Finalmente Italia se llevó el Mundial por penaltis. No fue la despedida soñada de Zidane, pero sin duda será la más recordada.